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sábado, 22 de octubre de 2011
martes, 15 de diciembre de 2009
martes, 25 de septiembre de 2007
De Paraná
Hace algún tiempo que nos dedicamos a esto de buscar cosas nuestras, con la entera certeza de que mucha gente coincidía en nuestro sentimiento, en esa cosita de tierra montielera en el ojo que te hace temblar las lágrimas. Ese suave sentimiento que crece como alfalfa hasta que se transforma en un monte de chilca y cardo de emociones encontradas, de culpas de haberte ido de la tierra que te dió la vida, de dejar a la vieja y los mates a la mañana, de no juntarte tan seguido con tus tíos a contar historias de luces malas y yerbas buenas.
Y resulta, que al final, afuera somos todos iguales, buena gente, macanudos, somos gauchos, resulta que el entrerriano es un tipo de confianza y ahí te entrás a agrandar, y te das cuenta que los de afuera no saben preparar mate, que no conocen la Solapa, que creen que saben lo que es el pasto verde, ¿pasto verde? "¿Que me venís hablar de pasto verde Santa Fe?", ¿que me vienen hablar de viento fresco si no estuviste, si no miraste, el río desde las termas de La Paz?
Bueno, en esa andabamos, buscando y buscando,cuando nos encontramos con un blog de frases, palabras y lugares de Paraná que suma un poco mas a esta idea de crear nuestra identidad entrerriana en este mamotreto virtual... los invito a visitarlo acá
domingo, 2 de septiembre de 2007
Fiesta de disfraces en Paraná
Cuando me enteré de la fiesta de disfraces que se había desarrollado en Paraná hace algunos fines de semana atrás, nunca pensé que era aquella fiesta de la que alguna vez me habían contado, comenzada por amigos en una quinta para homenajear a un cumpleañero, o cosa por el estilo, y que a esta altura tiene tantas leyendas como participantes de este evento ya entrerriano por adopción.
En esta entrada creo que lo mas adecuado sería dejar que los participantes hablen por si mismos... miren esto...
En esta entrada creo que lo mas adecuado sería dejar que los participantes hablen por si mismos... miren esto...
sin palabras, mal o bien, pero ya entrerriana... una verdadera fiesta de disfraces.
miércoles, 20 de junio de 2007
Marcelo Universal
Es sábado por la tarde, la peatonal paranaense está abarrotada de gente, como siempre sucede ese día del fin de semana en la principal arteria comercial de una capital de provincia. Camino y la sensación de que algo falta se hace presente, ese algo que cuando está casi no lo notamos, pero cuando no aparece, esa ausencia se hace por demás evidente.
Me refiero a Marcelo Universal, aquél personaje que todas las tardes se acomodaba en una esquina de la peatonal y, vistiendo la casaca roja del Manchester United, levantaba y bajaba los brazos como si estuviera ordenando el tránsito.
Desde mi adolescencia hasta hace pocos años atrás, Marcelo Universal ocupó el centro de todas las miradas en el centro de mi ciudad y sólo por el hecho de que la gente decía que estaba loco.
Y esa era la verdad, Marcelo Universal estaba chapita (al decir de Marcelo Araujo). Nunca se supo cuál era su verdadero nombre, nunca habló con nadie, él sólo se limitaba a pararse en una esquina para subir y bajar los brazos, nada más que eso.
Muchas conjeturas se han hecho sobre el origen de la locura de Marcelo Universal. La más trillada de ellas es la que sostiene gente que dice haberlo conocido, que en sus primeros años era una persona normal, aplicada y con buen futuro, pero que un día se metió en una secta y se le metieron cosas raras en la cabeza.
Otras de las opiniones dicen que pasaba sus días estudiando y un día se pasó de mambo con los libros hasta quedar loco. Algunos osan agregar a esta conjetura el dato de que Marcelo estudiaba psicología, otros Comunicación y así podríamos seguir infinitamente con el listado.
Los animales políticos dudaban de su locura. Los oficialistas señalaban, de buena fuente (siempre los militantes políticos dicen tener información de buena fuente), que Marcelo era un militante de la oposición para desestabilizar el tránsito y generar caos en el centro de la ciudad, con el fin de encontrar argumentos para atacar a la gestión municipal.
En cambio, los opositores (también con información de buena fuente) decían que Marcelo estaba allí haciéndose el loco, con el propósito de vigilar el accionar de los famosos zorros en cada esquina. Acusaban al municipio de persecución a los trabajadores.
Yo en realidad creo que Marcelo sí estaba loco, porque de ninguna otra forma se puede explicar que, religiosamente, una persona se pare todas las tardes para levantar los brazos en la peatonal. No voy a hacer conjeturas sobre el origen de su enfermedad, sólo me limitaré a decir que aquél loco se erigió en un monumento vivo de la ciudad, en un recuerdo permanente que ya forma parte del paisaje paranaense.
Caminando por la peatonal no lo volví a ver y por un momento, el vacío se hizo evidente; para luego seguir —al decir de Jaime Roos— como todo, como siempre en la ciudad.
Me refiero a Marcelo Universal, aquél personaje que todas las tardes se acomodaba en una esquina de la peatonal y, vistiendo la casaca roja del Manchester United, levantaba y bajaba los brazos como si estuviera ordenando el tránsito.
Desde mi adolescencia hasta hace pocos años atrás, Marcelo Universal ocupó el centro de todas las miradas en el centro de mi ciudad y sólo por el hecho de que la gente decía que estaba loco.
Y esa era la verdad, Marcelo Universal estaba chapita (al decir de Marcelo Araujo). Nunca se supo cuál era su verdadero nombre, nunca habló con nadie, él sólo se limitaba a pararse en una esquina para subir y bajar los brazos, nada más que eso.
Muchas conjeturas se han hecho sobre el origen de la locura de Marcelo Universal. La más trillada de ellas es la que sostiene gente que dice haberlo conocido, que en sus primeros años era una persona normal, aplicada y con buen futuro, pero que un día se metió en una secta y se le metieron cosas raras en la cabeza.
Otras de las opiniones dicen que pasaba sus días estudiando y un día se pasó de mambo con los libros hasta quedar loco. Algunos osan agregar a esta conjetura el dato de que Marcelo estudiaba psicología, otros Comunicación y así podríamos seguir infinitamente con el listado.
Los animales políticos dudaban de su locura. Los oficialistas señalaban, de buena fuente (siempre los militantes políticos dicen tener información de buena fuente), que Marcelo era un militante de la oposición para desestabilizar el tránsito y generar caos en el centro de la ciudad, con el fin de encontrar argumentos para atacar a la gestión municipal.
En cambio, los opositores (también con información de buena fuente) decían que Marcelo estaba allí haciéndose el loco, con el propósito de vigilar el accionar de los famosos zorros en cada esquina. Acusaban al municipio de persecución a los trabajadores.
Yo en realidad creo que Marcelo sí estaba loco, porque de ninguna otra forma se puede explicar que, religiosamente, una persona se pare todas las tardes para levantar los brazos en la peatonal. No voy a hacer conjeturas sobre el origen de su enfermedad, sólo me limitaré a decir que aquél loco se erigió en un monumento vivo de la ciudad, en un recuerdo permanente que ya forma parte del paisaje paranaense.
Caminando por la peatonal no lo volví a ver y por un momento, el vacío se hizo evidente; para luego seguir —al decir de Jaime Roos— como todo, como siempre en la ciudad.
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